Desde hace un tiempo, constatamos un aumento sensible del número de agresiones de
los hijos hacia sus padres. Este hecho, claramente antinatural y que contraviene de
manera clara las estructuras de las relaciones entre los seres humanos, no es ajeno alcambio de buen número de factores presentes en el mundo actual en cuanto a las pautasde vida, la consideración de los valores que condicionan o dirigen nuestra vida, y queatañen a la modificación de la consideración que el ser humano tiene de sí mismo, la quetiene de los demás y la que los demás tienen hacia él.
Este fenómeno tiene como protagonistas ejecutores sobre todo a varones (1 fémina por
cada 10 casos) y, aunque hay niños agresores de sus padres de corta edad (casos
documentados de niños de 7 años), suelen ser de entre 12 y 18 años, especialmente
entre 15 y 17 años.
Cabe destacar que esta violencia se da más en familias de clase media y alta que en las de clases de más baja extracción social y que, curiosamente y contra lo que podríaaugurar el tópico social acerca de usos y costumbres.
Esta violencia se materializa tanto de modo físico como psicológico y responde a los
parámetros más habituales de la violencia que, como factor constitutivo de ella, existe ennuestra sociedad, desde manifestaciones sencillas como desplantes o amenazas hastalos insultos, las vejaciones y las agresiones físicas de distinta intensidad. Esta violenciase plasma también en el rechazo por parte del hijo de pautas vitales propuestas por lospadres, creyendo que de este modo se opone a ellos y llega a incomodarlos y causarlesdaño; así el abandono de los estudios, el marcharse de casa en la adolescencia sincontar con el apoyo de los padres, o el permanecer en el hogar familiar situándose de unmodo ostensible al margen de la vida colectiva que en él se desarrolla
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lunes, 3 de agosto de 2009
UNA VIOLENCIA EMERGENTE: LOS MENORES QUE AGREDEN A SUS PADRES
Desde hace un tiempo, constatamos un aumento sensible del número de agresiones de
los hijos hacia sus padres. Este hecho, claramente antinatural y que contraviene de
manera clara las estructuras de las relaciones entre los seres humanos, no es ajeno alcambio de buen número de factores presentes en el mundo actual en cuanto a las pautasde vida, la consideración de los valores que condicionan o dirigen nuestra vida, y queatañen a la modificación de la consideración que el ser humano tiene de sí mismo, la quetiene de los demás y la que los demás tienen hacia él.
Este fenómeno tiene como protagonistas ejecutores sobre todo a varones (1 fémina por
cada 10 casos) y, aunque hay niños agresores de sus padres de corta edad (casos
documentados de niños de 7 años), suelen ser de entre 12 y 18 años, especialmente
entre 15 y 17 años.
Cabe destacar que esta violencia se da más en familias de clase media y alta que en las de clases de más baja extracción social y que, curiosamente y contra lo que podríaaugurar el tópico social acerca de usos y costumbres.
Esta violencia se materializa tanto de modo físico como psicológico y responde a los
parámetros más habituales de la violencia que, como factor constitutivo de ella, existe ennuestra sociedad, desde manifestaciones sencillas como desplantes o amenazas hastalos insultos, las vejaciones y las agresiones físicas de distinta intensidad. Esta violenciase plasma también en el rechazo por parte del hijo de pautas vitales propuestas por lospadres, creyendo que de este modo se opone a ellos y llega a incomodarlos y causarlesdaño; así el abandono de los estudios, el marcharse de casa en la adolescencia sincontar con el apoyo de los padres, o el permanecer en el hogar familiar situándose de unmodo ostensible al margen de la vida colectiva que en él se desarrolla
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los hijos hacia sus padres. Este hecho, claramente antinatural y que contraviene de
manera clara las estructuras de las relaciones entre los seres humanos, no es ajeno alcambio de buen número de factores presentes en el mundo actual en cuanto a las pautasde vida, la consideración de los valores que condicionan o dirigen nuestra vida, y queatañen a la modificación de la consideración que el ser humano tiene de sí mismo, la quetiene de los demás y la que los demás tienen hacia él.
Este fenómeno tiene como protagonistas ejecutores sobre todo a varones (1 fémina por
cada 10 casos) y, aunque hay niños agresores de sus padres de corta edad (casos
documentados de niños de 7 años), suelen ser de entre 12 y 18 años, especialmente
entre 15 y 17 años.
Cabe destacar que esta violencia se da más en familias de clase media y alta que en las de clases de más baja extracción social y que, curiosamente y contra lo que podríaaugurar el tópico social acerca de usos y costumbres.
Esta violencia se materializa tanto de modo físico como psicológico y responde a los
parámetros más habituales de la violencia que, como factor constitutivo de ella, existe ennuestra sociedad, desde manifestaciones sencillas como desplantes o amenazas hastalos insultos, las vejaciones y las agresiones físicas de distinta intensidad. Esta violenciase plasma también en el rechazo por parte del hijo de pautas vitales propuestas por lospadres, creyendo que de este modo se opone a ellos y llega a incomodarlos y causarlesdaño; así el abandono de los estudios, el marcharse de casa en la adolescencia sincontar con el apoyo de los padres, o el permanecer en el hogar familiar situándose de unmodo ostensible al margen de la vida colectiva que en él se desarrolla
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